El mundo del miedo, un mundo en el que sólo vale el beneficio propio y en el que sólo importan los intereses de uno mismo. Ese lugar se llama Tierra aunque no esté habitado por humanos, ya no lo son. Son máquinas robotizadas con un único fin que se disgrega en muchas necesidades “innecesarias” pero que al final se consideran vitales, ya que “ellos” lo hacen creer así. Es lo que necesitan, es su prioridad, es para lo que viven, para poder manipular a su propio pueblo.
Ningún gobierno, empresa o negocio se salva cuando hablamos de injusticia y manipulación. Todos quieren que sus ciudadanos tengan la falsa necesidad de hacer lo que ellos marcan concienzudamente, o ¿es que el miedo no nos ha privado de vivir libremente durante tantos siglos? ¿No es la mejor opción para conducir a un rebaño sin dirección? ¿Acaso no nos da miedo dejar de vivir cómodamente como hasta ahora? ¿No nos abruma la idea de dejar de vivir sin haber conseguido las metas que, muy conscientemente, han marcado personas ajenas a nosotros pero que, aun así, las seguimos?
Vivimos en un pequeño rebaño, somos borreguitos que están a merced de un tirano pastor que sólo busca de su rebaño el miedo al lobo que nunca llegó y que en realidad no tiene los dientes tan afilados como nos cuentan. Pero somos inocentes y nos dejamos llevar por esa sensación de alivio al pensar que estamos protegidos por nuestro sabio y poderoso “amo”; ese que sólo quiere el beneficio que obtendrá de nuestra piel, lana, y vida; ese que nunca sentirá la satisfacción de hablar sin manipular, trabajar sin oprimir y vivir con libertad; ese que habla de felicidad sin haberla conocido. Por eso nos olvidamos de que la injusticia nos rodea y, al recordarlo, nos aborda la impotencia y seguimos sin hacer nada.
¿Qué puede hacer un solo hombre ante la inmensa humanidad?
Rebeca Hernández García 1ºAC

