VERITAS SIVE LIBERTAS

LOS PORROS ME CONFUNDEN

In "De risa". Número 32 on Noviembre 15, 2009 at 9:39 pm

(Aclaración para ombliguistas: no pretendo criticar aquí a las personas, sino simplemente mostrar la dejadez con que se trata en nuestra sociedad la educación y cultura de los jóvenes).

Hace un par de semanas nos dijeron a mis compañeros de clase y a mí que éramos unos frikis. La frase fue directa, sin miramientos, cual flecha errante que alcanza un corazón ingenuo. Y no le falta mucha razón a quien la dijo. Su argumento era, en esencia, nuestra buena predisposición hacia el estudio.

Hubo un tiempo en que la figura del pensador estuvo bien valorada. Guerras intelectuales, soledad por filosofía, científicos que se reunían para hablar de sus innovadoras teorías y no del “alcorconazo”, y filósofos hasta las cejas de opio que exponían teorías fascinantes e inverosímiles. Pero ese tiempo, como el opio, ya no es guay. Ahora se llevan los porros, y nunca mejor dicho. Y que no se me ofendan -por favor-, porque en el fondo, desde mi frikura, les tengo aprecio. Me deleito -no soy el único- escuchando sus grandilocuentes y viscerales hipótesis sobre los grandes pensadores de la historia: “¡Ese era un subnormal! ¡Un reprimido de mierda que no tenía nada que hacer y se puso a sacar fórmulas matemáticas para jodernos!”. Analicemos un aspecto fundamental de la frase: llama subnormal al matemático. Tengamos en cuenta que subnormal es la persona inferior a la normal y que la cualidad que distingue al ser humano de la bestia es la razón. Pues bien, ¿quién es más normal, el pensador que desarrolla su razón para elaborar una fórmula o mi amigo, el guay, que mola mogollón, y ni matándolo utiliza la razón?

Mejor no respondan, se sobreentiende por el contexto.

Por supuesto: si se desea ser un intelectual -conato de intelectual, subnormal o cualquier apelativo que se le quiera dar- se ha de ver muchísimo la televisión, a todas horas. En general, en ella aparecen misses superdotadas -“Confucio inventó la confusión”- y famosos juglares recitando el Mío Cid de fin a principio.

Lo digo en serio.

Juan Luis Muñoz Fernández. 2ºBC

LOS SANTOS LOCOS

In "De risa". Número 32 on Noviembre 15, 2009 at 9:37 pm

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Puede que nunca os hayáis fijado en esto que voy contar. Por eso, escuchad atentamente porque, creedme, os conviene. Todos escondemos secretos, desde los más pequeños hasta los más grandes, desde el más inocente hasta el más astuto… Aunque muchas veces nos hagamos “los locos” sabemos que la verdad siempre sale a la luz. No quiero teneros más tiempo intrigados, aquí va mi paranoia:

El instituto esconde un secreto. Uno de los secretos mejor guardados de todos los tiempos. ¿Nunca os habéis preguntado por qué a los maestros “se les va la cabeza” mandando tantos ejercicios?, ¿nunca os habéis reído de los cabellos despeinados de muchos de vuestros profesores y profesoras?, ¿y los extraños timbres repartidos por las aulas sin ninguna función educativa? Sin contar con los cipreses plantados en la pista de Educación Física, ni con la planta de Cruz Latina que presenta el pabellón principal. Son cosas muy extrañas que me han llevado a una conclusión: Un manicomio. Sí, habéis oído bien, un manicomio. Puede que el instituto, anteriormente, fuera una clínica de reposo (eufemismo) en la cual residían nuestros profesores actuales como pacientes (eufemismo). De esta manera se podrían explicar muchísimas cosas: sus alteraciones (propias de un loco), sus cabellos despeinados (castigo de calambrazos, impartidos en Jefatura de Estudios), los extraños timbres (utilizados para llamar a los médicos cuando los profesores de Lengua ven una garrafal falta de ortografía y les da un ataque) y los cipreses, que asociamos  al cementerio. Podréis pensar que no tengo pruebas, pero sí tengo una muy valiosa:

LOS CANTOS: LOCO SANTS

Mariqueta Moreno Sánchez. 3º B

TIEMPO DE… NADA

In "De risa". Número 32 on Noviembre 15, 2009 at 9:34 pm

Este año es el de mi prueba de Selectividad. Sí, creo que no me equivoco. Y creo que no lo hago porque tampoco creo que en ningún día de los que me quedan se me olvide que este año toca Selectividad (no sé si ya lo he mencionado). Bien, soy consciente de que en mi vida todavía mantendré el recuerdo de este año, el de la Selectividad, si me disculpan. Ahora bien, reconozco que detesto la  susodicha y su diseño (podría estar utilizando un planteamiento subjetivo propio, pero refutable, de los artículos de opinión, sobre todo de los artículos que compondrán la triste secuela a la que ha involucionado, por ejemplo, el examen de lengua castellana, o española, no sé). Continúo. La odio, en primer lugar, debido al constante martilleo y tiroteo de un cierto tipo de amenazas reales que hasta ahora no había conocido y que se desarrollan en mi tiempo estudiantil. En segundo lugar (quizás menos importante, pues creo que ya solo la comparto con unos pocos más), por haber olvidado el planteamiento del segundo de Bachiller de manera instructiva para dejar paso a un régimen militar preparatorio para lo que se podría asemejar a la cuarta guerra mundial (perdón, tercera, que voy muy rápido). Me centro en la importante: la primera. Esta tarde he ido a la sala de estudio (sí, qué pasa, soy un tipo guay, y, aparte, es viernes, y quería algo distinto). Si encima no me dejan tiempo durante la semana para mi desarrollo como ser humano, ahora han alargado su ocupación hasta los fines de semana. Antes, un viernes era distinto, mil planes a prueba de imaginación. Estoy indignado. Ahora, para que sea distinto, al aula de estudio. Pero bueno, aunque sea diferente, no me iban a librar de mi particular rato en sociedad: me he ido con todos los colegas a la citada aula. Y, claro, al poco tiempo (para no desacostumbrar al cuerpo), hemos realizado una didáctica (para los de la LOGSE -como decía hace poco un humorista- “que enseña algo”) excursión al bar de abajo, a reponer combustible con unas cervezas fresquitas. Que el cuerpo no se malacostumbre. A esto ha quedado reducido mi desarrollo personal durante mi paso por la forja de Hefesto (estoy irónico, no se crean) que es la educación española. Señores, denme una solución antes de que no tenga tiempo ni tan siquiera para poder coger un libro que esté fuera del plan de estudio. Por cierto, con el dinero que he ganado jugando al póquer (verídico) he pagado la cerveza. Uich, ahora recuerdo, me he ido sin pagar.

Maxi Caballero. 2º AH

(Blog del autor)